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Las tres dimensiones
del Seoul
Por Miquel Sen
La emigración ha dado muy buenos cocineros, pero
de buenos, pocos. En nuestra casa pensamos en la emigración
gallega o andaluza. A nivel mundial esto todavía
es más patente si miramos como es la cocina en los
restaurantes italianos de toda América, a excepción
de los de Buenos Aires. Si aplicamos este criterio a la
extensísima restauración chinesa, la excepción
seria algunos de los establecimientos de San Francisco y
Londres.
La presencia de cocinas chinas en nuestro país ha
eclipsado otras cocinas orientales, arrasadas por la gamba
congelada y el glutamato. Hasta hace poco, la cocina japonesa
tenía un único representante de categoría.
De aquí que sea una buena noticia la presencia del
señor Suk-tae-bae, como cocinero del nuevo
restaurante Seoul de la barcelonina avenida Gaudí.
Suk-tae-bae es cocinero por vocación. Proviene del
sur de Corea, la tierra más portente del paíis,
situada en los campos donde se produce uno de los mejores
pimientos rojos de Asia. En Cataluña ha trabajado
en restaurantes tan conocidos como el Roig Robí,
donde pudo matizar las diferencias que hay entre el recetario
catalán y el coreano. El contacto también
le permitió valorar los puntos en común: la
presencia de verduras, la afición común por
el pescado y la obsesión por mantener la textura
básica de los ingredientes. En compañía
con su esposa Hyun-ok-kim. Se han instalado, después
de su paso meteorito por el Moll de la Fusta, en un Seoul
que tiene mucho de restaurante de barrio, con una presencia
muy controlada de los elementos folklóricos. Como
que Huyn-ok-kim habla el castellano, y está arraigada
a nuestras costumbres para poder llamarla por su nombre
(a Corea las mujeres casadas toman el nombre de su hija,
por la cual cosa en su país sería la madre
de Estrella), tendremos una interlocutora válida
para adentrarnos en un mundo culinario propio y muy bien
construido, rico en aromas de sésamo y de picantes
matices, además de los toques de la omnipresente
col fermentada, que en este caso no es un producto
importado sino elaborado en el restaurante.
Los coreanos no conocen los menús de tres platos.
El primer plato, el segundo plato y los postres es una costumbre
parisina, de origen ruso, definitivamente arraigado a Occidente,
pero que no aconsejo en Seoul. Para conocer esta gastronomia
tan interesante es fundamental el menú degustación,
que Suk-tae-bae nos plantea en tres dimensiones. Todas comienzan
con un clásico de la cocina coreana: las tapas
(kim chi), pequeñas porciones donde no faltan
el queso de soja, el tofu y la ineludible y agradable col
picante. Despúes se van incorporando elementos en
la mesa hasta llegar a un despligue de platos de los cuales
hay que ir picando, siempre con la base de arroz como acompañante.
Encontraremos raviolis de carne y verdura, cocinados
al vapor, que nos pareceran modernos, y, evidentemente,
orientales; la sepia con marisco y setas que tiene el
toque crujiente del bambú, mientras que la carne,
ya sea costilla de ternera o tapaplana (bul go gui), queda
envuelta por la salsa que el cocinero llama coreana y que
parece que es un enseña nacional.
Des de mi prisma de aficionado a las cocinas de aquí
y de allá, el plato más agradable, presente
también en muchos de los menús de desgutación,
son los fideos de boniato, con setas, carne y verdura.
El boniato coreano está fundamentado en una raíz
que no es nuestro moniato, ya que en crudo tiene un aroma
muy particular, parecido a la castaña. Si se corta
fino y está cocinado, ofrece una textura con un punto
de seda que tiene una porosidad capaz de absorver los condimentos.
Si nos gusta los contrastes, en el paladar sentiremos
la explosión de la texturas tan opuestas de los
fideos, las setas y la ternera. Si este plato los entusiasta
pidan que les incluya en el menú la sepia con marisco,
setas y bambú (pal-bo-che), con un picante distintivo,
y el típico guisado coreano de cerdo. Como novedad,
en la cocina compleja que siempre ha hecho Suk-tae-bae,
el rosugui es una fórmula que permite cocinar pequeñas
porciones de bistec con hierro colado y aliñarlas
después con salsa con especies. Es la carne a la
losa entendida a lo coreano.
Dentro de esta concepción oriental, los postres no
se conocen. Al Seoul han optado por una aportación
dulce para acontentar a un público que no quiere
encontrarse delante un pastel de queso. Nueces fritas, lichis
y plátanos fritos son una versión dulce de
la cuál podemos prescindir.
Suplemento Diumenge del Avuí
28 de noviembre de 1999
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